Inteligencia Emocional de la Pareja

Las relaciones humanas son tan complejas como lo puede mostrar la historia de una pareja que tanto se amó, y que con el paso del tiempo pudo odiarse en igual medida. Muchos podrán preguntarse si esto pudo ocurrir en un solo clic o en una sumatoria de momentos.

El pelo no se pierde en un solo día, me decía mi abuelo, y no se pasa del amor al odio tan fácil. Quizás un hecho es el que desencadena lo que se venía guardando.

Tal vez a esa pareja le faltó mayor contacto emocional o mejorar el ida y vuelta, para no llegar a ese punto. Conciencia emocional para aprender y crecer de a dos.

Probablemente en los más salvajes desengaños faltó saber leer los mensajes que flotaban en el aire, escuchar los silencios y comprender los climas vividos en el hogar. Todo en su momento, claro, la lectura posterior sólo sirve como análisis del pasado.



Para iniciar la recorrida, hay que dar el primer paso, hay muchas cosas que se ponen en la balanza a la hora de elegir a la persona con la que se compartirá la vida, o al menos una parte de ella.

Hay que aprender a descifrar el hermoso juego de las similitudes y diferencias. La afinidad, la atracción física (la tan deseada belleza), las características de la personalidad y el arte de compartir son algunas de las cosas que pesan a la hora de elegir.

Siempre es mejor escoger libremente y sin prejuicios. Lo importante es lo que uno piensa y siente, no lo que dicen los demás.

Partiendo de una mala elección difícilmente se llegue a buen puerto.

Las artes de cupido no son ciencia cierta para nadie. El enamorarse es un estado donde todo se ve con otros ojos y muchas personas “flotan” en el aire en esta etapa. Sin embargo ese fuego no puede arder por siempre con la misma intensidad, es entonces cuando se modifica y se transforma en el amor que perdura o en un frío glacial que hace que todo termine.

Volviendo a la llama del primer “metejón”, hay personas que mantienen esa idealización inicial sobre la persona que aman y muchas veces eso no les permite ver muchas otras cosas, entre ellas los cambios normales que vive una persona a través del tiempo.

No hay que perpetuar en nuestra mente la imagen que queremos de los demás, hay que conocer y aceptar la verdadera naturaleza de quien comparte con nosotros su vida.

“El tiempo pasa y nos vamos poniendo viejos y el amor no lo reflejo como ayer”, canta Pablo Milanés en su tema “Años” (también en la voz de Luca Prodan, para los amantes del Rock). Y tiene mucha razón en esa frase, tanto como cuando dice: “Pasan los años y cómo cambia lo que yo siento, lo que ayer era amor se va volviendo otro sentimiento.”

Hay que tener en cuenta que la convivencia, el tan difícil día a día, potencia los roces y esto es inevitable, hasta en la pareja que parece perfecta.

Sin embargo, mientras esto se maneje en el marco de la comprensión no será un factor riesgoso para la relación. Por el contrario, si la pareja tiene suficiente inteligencia emocional, seguramente crecerá al superar cada situación que se presente.

La pareja está compuesta por dos, pero también se nutre con los momentos vividos, buenos y malos. Las imágenes, el tiempo compartido, los sentimientos, los procesos de cambio que vive cada uno, todo es parte de esa unión.

Cuánto se parece una hoja seca que cae perdida con una caricia que no se da en el momento justo de una vida …

Nunca hay que permitir que todos los rencores opaquen a los amores y entregarle el rol protagónico a los afectos en lugar de los efectos de los malos tiempos.

No dejar que las cosas malas nos nublen los sentimientos.

Hay personas que pasan del amor al odio en los fracasos de pareja y hasta algunos niegan los buenos momentos vividos juntos.

Podrán romper fotos y cuadros, pero lo pasado no se puede borrar, mucho menos cuando quedan evidencias del amor.

Intentar ser maduros puede ser la solución, enfrentar con inteligencia la situación que les toca vivir.


Pedro y Clara vivían en una casa en Palermo, la habían comprado con el esfuerzo de ambos. Pedro se había recibido de Abogado y ejercía en una empresa multinacional. Sus obligaciones lo hacían viajar constantemente al exterior y estaba poco en casa y cuando estaba prestaba poca atención a Clara.

Sus logros personales iban en ascenso mientras sus relaciones matrimoniales caían día a día. El fino hilo que los unía estaba cada vez más desgastado. Ya no reían ni lloraban juntos, escondían sus emociones el uno del otro.

Cuantas veces Pedro habrá visto a Clara cerrar de un portazo la puerta. Ya no le daba importancia a esa acción, porque Clara siempre volvía después de despejar sus enojos en la calle, sin embargo un día Clara ya no regresó.

Pasó mucho tiempo hasta que Pedro pudo asimilar lo que había pasado. Pedro es un hombre que nunca logró ver las pequeñas señales cotidianas y todo terminó. Si bien el episodio final se produjo en un instante, hubo un camino recorrido para llegar a ese momento.

Cuando la pareja es la suma de las partes, en lugar de la división de los faltantes, funciona mucho mejor.

Don Alfredo nunca terminó sexto grado, su mujer, Lucía, ni siquiera fue a la escuela ya que debió cuidar a sus hermanos desde muy pequeña.

Ambos se jubilaron, hace mas de tres décadas, en el rubro alimenticio.

No ganaban fortunas, ni tenían cuentas bancarias con muchos ceros. No eran personas muy demostrativas de afecto entre ellos, no así con sus nietos a los que siempre llenaban de besos.

Sin embargo, si se les preguntaba en privado ambos coincidían en que se volverían a elegir cada día y que eran muy felices con su vida.

Alfredo pasó los últimos días de su vida postrado en una cama por una enfermedad que lo afectó durante meses. Cuando falleció su rostro parecía estar relajado, a pesar de los últimos momentos de lucha contra la enfermedad.

Clara, que parecía tener una salud de hierro y mucha fortaleza, falleció dos meses después. Se despidió de este mundo con una sonrisa en el rostro.

A pesar de ser una mujer independiente no pudo seguir sin el amor de su vida.

Quizás uno no pueda programar una vida tan fácilmente como una carrera. Pero puede contribuir mucho para lograr que la vida sea mejor, es muy sencillo culpar a los demás por lo que nos pasa, sin embargo habría que mirar primero en uno mismo el porqué del lugar que ocupamos en cada faceta de nuestra vida.

Es importante conocer y saber interpretar los sentimientos propios antes de actuar.

En la pareja existen muchos indicadores que actúan como termómetro del vínculo. Muchas veces son pequeños indicios que marcan la verdadera temperatura de la relación.

Es importante respetar los roles, pero además permitirse el cambio cuando es necesario.

No es justo cuando uno de los dos ama demasiado y el otro casi nada. El amor no sobrevive de rodillas.

Parte de la inteligencia de la pareja radica en aprender a comprenderse. No perder nunca la comunicación y tener la habilidad para leer los estados de ánimo del otro. Comprender lo que siente el que tenemos en frente es fundamental para poder ayudarlo.

En determinadas ocasiones es más importante cómo se dice, que lo que se dice.

A veces es fundamental poder darse el tiempo necesario para pensar, antes de hablar o antes de estallar.

Muchas veces uno actúa como espejo del otro en las discusiones. Entonces bastará simplemente mirar a quien se tiene enfrente para saber como nos estamos comportando.

En repetidas oportunidades, la decepción es el motor que termina por derrumbar la pareja. “Yo creía que era de otra manera” o “No tenemos la misma conexión que cuando éramos novios”, son algunas de las cosas que se puede escuchar. Quizás esas personas no era el uno para el otro o sencillamente no tuvieron la inteligencia para solucionar sus diferencias.

Algunas preguntas para hacerse a uno mismo (respondiendo con absoluta sinceridad):

¿Soy feliz con mi pareja? ¿Es feliz conmigo? ¿Cuándo fue la última vez que compartimos una salida romántica? ¿Cuándo fue la última vez que pensé lo/a amo? ¿Sería más feliz si él/ella no estuviera a mi lado?

El sexo femenino y el masculino viven, internamente, de modo distinto cada una de las etapas de la relación. El amor, los afectos y los vínculos interpersonales en general son asumidos de manera diferente en cada sexo.

La empatía es la llave maestra de esta historia. Comprender lo que sienten los demás. Lograr percibir las señales que nos llegan, lo que el otro dice a gritos, muchas veces sin hablar.

La cercanía emocional es la estrella que guía la relación. Las parejas no sobreviven en forma saludable si el nexo emotivo está cortado. Si bien el contacto físico, el poder ver a quien se ama es de gran importancia, el sentirlo cerca emocionalmente es fundamental.

Cuando llegan los problemas, la mejor manera de comenzar a solucionarlos, es aceptar que se está viviendo una crisis. Empezar a entablar diálogos sobre el tema será el siguiente paso. En estos casos es muy importante que cada integrante se pueda expresar con total libertad, exponiendo sus sentimientos con total franqueza.

Una vez desarrollado será el tiempo de intentar vislumbrar las posibles soluciones y dar el tiempo suficiente para que puedan funcionar.

Lamentablemente hay casos en los cuales la única solución es la separación. Esta alternativa puede prevenir males mayores como el crecimiento de infelicidad y del resentimiento.

Varios estudios indican que la formación emocional de varones y mujeres (desde los primeros momentos de vida) es diferente, y esto se refleja en su posterior desenvolviendo en el mundo de los afectos.

En el rol de la crianza de los hijos, es donde la pareja puede seguir afianzándose. En esta etapa es donde además se puede comprender mejor a los propios padres y tomar una nueva postura sobre la forma en que uno fue criado.

Ayer, observando los gestos, las sonrisas y las miradas de mi

hijo, de apenas cuatro meses, me envolvieron algunas preguntas: ¿Podré enseñarle algo en el campo de los sentimientos? ¿Logrará desarrollar de la mejor forma su inteligencia emocional?

La mejor respuesta que pude encontrar fue que primero debo entender mis sentimientos para poder lograr comprender lo que él siente. A partir de esto es que debo intentar la conexión que me permita ayudar a formarlo con mi experiencia personal y mi afecto para que él pueda crecer en este campo.

En las primeras etapas de la vida es cuando la criatura tiene mayor absorción del medio que lo rodea, especialmente del emocional.

El vínculo constituido por los padres, será el primer, y probablemente el más importante, modelo de relación que recibe un bebé.

Es fundamental no descuidar esta faceta, ya que será la piedra fundamental de su futura vida emocional y de las relaciones que tendrá con el resto del mundo, incluida su pareja.

Educarlo a sentir, sin invalidar ni invadir sus sentimientos y necesidades, será el mayor desafío entonces.

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 Este artículo proviene de: Psicofxp, (una exelente comunidad de foros de la cual soy parte).

Ha sido escrito por bender3001

Con fecha 22.12.2006

 

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